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¿Eres optimista o pesimista? Los científicos ya pueden verlo en tu cerebro y esto afecta tus relaciones sociales
lunes, julio 28, 2025

¿Eres optimista o pesimista? Los científicos ya pueden verlo en tu cerebro y esto afecta tus relaciones sociales

Persona sentada pensativa, representando la reflexión sobre el futuro y las diferencias entre el pensamiento optimista y pesimista.

Un nuevo estudio revela que los cerebros de los optimistas funcionan de forma notablemente parecida al pensar en el futuro, mientras que los pesimistas presentan una gran diversidad cerebral. Esta diferencia tiene implicaciones directas en sus vínculos sociales.

Los científicos llevan décadas explorando cómo las personas perciben el futuro y de qué manera esa visión influye en su bienestar. Sin embargo, un reciente estudio liderado por la Universidad de Kobe, en Japón, da un paso más allá al mostrar cómo el grado de optimismo o pesimismo se refleja de manera visible en la actividad cerebral. El hallazgo, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), ofrece una nueva perspectiva sobre las raíces neurocognitivas del pensamiento positivo y sus consecuencias sociales.

Según explica el autor principal del estudio, el psicólogo Kuniaki Yanagisawa, “las personas con una posición social central tienden a mostrar patrones cerebrales similares al responder a estímulos. Pensamos que podría existir una conexión entre una visión común del futuro y la manera en que esa visión se representa en el cerebro, lo cual facilitaría la comprensión mutua entre quienes piensan de forma parecida”.

En este caso, la investigación se centra en descubrir cómo el estilo de pensamiento respecto al futuro —positivo o negativo— no es simplemente un rasgo de personalidad, sino que involucra mecanismos cerebrales compartidos o divergentes entre individuos, con consecuencias significativas para la vida social.

Escáner cerebral del optimismo y el pesimismo

Para llegar a estas conclusiones, el equipo de la Universidad de Kobe reclutó a 87 voluntarios, cuidadosamente seleccionados para representar un amplio espectro de perspectivas sobre el futuro: desde los muy optimistas hasta quienes tienden al pesimismo marcado. A todos se les pidió que imaginaran diversos escenarios futuros mientras eran escaneados mediante imágenes por resonancia magnética funcional (fMRI).

Este tipo de escaneo cerebral permite observar, en tiempo real, cómo se activa el cerebro ante pensamientos específicos. Así, los investigadores pudieron registrar los patrones de actividad neuronal asociados con las representaciones mentales del futuro.

Los resultados fueron sorprendentes. Cuando los optimistas imaginaban el futuro, sus cerebros mostraban patrones muy similares de activación. En contraste, los cerebros de los pesimistas presentaban una gran variedad de respuestas, sin una pauta homogénea. Como resumen humorístico de este hallazgo, los investigadores citaron a Tolstói: “Las personas optimistas se parecen entre sí, pero cada pesimista experimenta el futuro a su manera”.

Este fenómeno podría tener raíces profundas en cómo el cerebro procesa las expectativas y amenazas futuras. La homogeneidad en los cerebros optimistas sugiere una forma compartida de “ver” el futuro, mientras que la diversidad entre los pesimistas indica múltiples formas de interpretar lo que está por venir.

Relaciones sociales y “estar en la misma sintonía”

Una de las consecuencias más relevantes del estudio es la relación entre la actividad cerebral y la vida social. Según Yanagisawa, esta sincronía cerebral entre optimistas podría explicar por qué suelen tener redes sociales más amplias y satisfactorias. “La idea de que dos personas están en la misma sintonía no es solo una metáfora. Literalmente hemos observado que los optimistas comparten una representación mental común del futuro en sus cerebros”, afirma el investigador.

Este tipo de sintonía cerebral facilita la conexión interpersonal. Cuando dos personas piensan de forma parecida y sus cerebros responden de manera similar, la comunicación resulta más fluida, la empatía es más inmediata y la creación de vínculos sociales es más probable.

En cambio, los pesimistas, al visualizar el futuro de maneras tan distintas entre sí, podrían experimentar más dificultades para encontrar esa afinidad con otras personas. Esto no significa necesariamente que sean menos sociales, pero sí que su camino hacia relaciones significativas podría requerir un mayor esfuerzo cognitivo y emocional.

Cómo afrontan las emociones negativas

Además de las diferencias en la representación del futuro, el estudio detectó otro patrón relevante. Los cerebros optimistas diferenciaban con mayor claridad entre escenarios positivos y negativos. Mientras que los pesimistas daban un peso similar a ambos tipos de situaciones, los optimistas tendían a visualizar los eventos negativos de forma más abstracta y distante, lo que reducía su impacto emocional.

Este hallazgo sugiere que el optimismo no implica una negación de la realidad o de las dificultades, sino una manera específica de procesar la información negativa. “Los optimistas no niegan los escenarios desagradables, pero sí los representan en su mente con menor intensidad emocional”, explica Yanagisawa.

Desde el punto de vista psicológico, esta habilidad para tomar distancia emocional de los eventos negativos podría actuar como una forma de resiliencia natural. Permite a los individuos mantener un estado de ánimo más estable, aun cuando se enfrentan a incertidumbres o amenazas.

¿Se nace optimista o se aprende?

A pesar de los avances que representa este estudio, aún quedan muchas preguntas por resolver. ¿Esa visión compartida del futuro entre optimistas es innata o se desarrolla a lo largo de la vida? ¿Qué papel juegan las experiencias, el entorno social o la educación en la formación de estos patrones cerebrales?

Yanagisawa y su equipo planean abordar estas interrogantes en futuras investigaciones. Su objetivo es explorar cómo se forman las “realidades compartidas” en el cerebro y por qué algunas personas experimentan crónicamente una sensación de desconexión social.

“Comprender mejor cómo se alinean los cerebros de las personas podría ayudarnos a construir una sociedad más empática, donde la comunicación y el entendimiento mutuo sean más accesibles”, señala el psicólogo japonés.

Además, este conocimiento podría tener aplicaciones clínicas en el tratamiento de problemas como la soledad, la ansiedad o la depresión. Si se logra identificar mecanismos para fomentar una visión más compartida del futuro, quizás sea posible reducir el aislamiento que afecta a millones de personas en todo el mundo.

Un espejo cerebral del pensamiento

En conjunto, los resultados del estudio confirman que el optimismo y el pesimismo no son solo actitudes externas o formas de hablar, sino procesos profundamente enraizados en la forma en que el cerebro humano construye su percepción del porvenir.

Los optimistas no solo “ven el vaso medio lleno”, sino que su cerebro literalmente lo representa de manera distinta, más compartida y más emocionalmente distante ante lo negativo. Esta forma particular de procesamiento mental favorece la creación de vínculos sociales, fortalece la empatía y facilita el entendimiento con otros.

Por su parte, los pesimistas, al experimentar el futuro de forma más individualizada, podrían encontrar más difícil establecer conexiones profundas con otras personas que no comparten su visión. Este hecho no implica un defecto, sino una diversidad natural de estilos cognitivos, que ahora empieza a ser visible gracias a los avances de la neurociencia.

Con estos hallazgos, el estudio de la Universidad de Kobe aporta una nueva capa de comprensión al debate sobre la naturaleza del optimismo, al tiempo que plantea nuevos caminos para mejorar la calidad de nuestras relaciones humanas desde la raíz misma: el cerebro.

Fuente: K. Yanagisawa, R. Nakai, K. Asano, E.S. Kashima, H. Sugiura, & N. Abe, Optimistic people are all alike: Shared neural representations supporting episodic future thinking among optimistic individuals, Proc. Natl. Acad. Sci. U.S.A. 122 (30) e2511101122, https://doi.org/10.1073/pnas.2511101122 (2025).

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