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Cuidar a los nietos refuerza el cerebro y el efecto es más claro en las abuelas
jueves, enero 29, 2026

Cuidar a los nietos refuerza el cerebro y el efecto es más claro en las abuelas

Abuela ayudando con la tarea de su nieta pequeña en un ambiente familiar, una interacción asociada a beneficios cognitivos en la vejez.

Los abuelos que cuidan con regularidad a sus nietos muestran un mejor rendimiento cognitivo que quienes no lo hacen, con ventajas claras en memoria y lenguaje. Sin embargo, el beneficio no se distribuye por igual: las abuelas parecen experimentar una protección más duradera frente al deterioro cognitivo que los abuelos.

Cuidar de los nietos es una experiencia ambivalente para muchos abuelos. Para algunos supone una fuente de alegría y sentido vital; para otros, una responsabilidad exigente que interfiere con sus propios planes. Más allá de las percepciones personales, una investigación reciente sugiere que esta forma de cuidado familiar se asocia con un mejor funcionamiento del cerebro en edades avanzadas. El hallazgo no solo refuerza la idea de que el envejecimiento activo es clave para la salud mental, sino que introduce un matiz relevante: el impacto positivo parece ser especialmente consistente en las mujeres.

El estudio, publicado en la revista científica Psychology and Aging y desarrollado por un equipo internacional de investigadores, analizó durante varios años el estado cognitivo de un amplio grupo de abuelos. El trabajo se apoya en datos longitudinales, lo que permite observar la evolución del rendimiento mental a lo largo del tiempo y no solo una fotografía puntual.

Un seguimiento prolongado de casi 1700 abuelos

La investigación se basó en el seguimiento de aproximadamente 1700 abuelos residentes en el Reino Unido, cuyas capacidades cognitivas fueron evaluadas en varias ocasiones a lo largo de los años. Los participantes realizaron pruebas estandarizadas de memoria y de fluidez verbal, dos indicadores ampliamente utilizados para medir el funcionamiento cognitivo en la edad adulta y la vejez.

Para evitar comparaciones engañosas, los autores del estudio emparejaron a los abuelos que cuidaban de sus nietos con otros que no lo hacían, asegurándose de que ambos grupos fueran similares en aspectos clave como edad, nivel educativo, estado de salud general y situación socioeconómica. De este modo, las diferencias observadas podían atribuirse con mayor confianza al papel del cuidado de los nietos y no a otros factores externos.

Los resultados fueron claros: quienes participaban de forma regular en el cuidado de sus nietos obtenían puntuaciones más altas en las pruebas de memoria y lenguaje que aquellos que no desempeñaban ese rol. La diferencia no era marginal, sino consistente a lo largo de las distintas mediciones realizadas durante el periodo de seguimiento.

Abuelas y abuelos, beneficios desiguales

Al analizar los datos por sexo, emergió un patrón inesperado. Tanto las abuelas como los abuelos que cuidaban de sus nietos mostraban mejores resultados cognitivos en comparación con sus pares que no lo hacían. Sin embargo, cuando se observó la evolución a lo largo del tiempo, solo en las abuelas se detectó un enlentecimiento claro del deterioro cognitivo asociado al envejecimiento.

En los abuelos varones, el rendimiento inicial era algo mejor si cuidaban de sus nietos, pero la velocidad del declive cognitivo con el paso de los años no difería de manera significativa respecto a la del grupo de control. Este contraste llevó a los investigadores a plantear nuevas preguntas sobre el papel del género en las dinámicas de cuidado familiar y su impacto en el cerebro.

Yvonne Brehmer, una de las autoras del estudio, explicó que las razones de esta diferencia aún no están claras. “Por el momento no sabemos por qué el cuidado no se asoció con mejores resultados cognitivos a largo plazo en los abuelos”, señaló. Según la investigadora, una posibilidad es que el rol que desempeñan los hombres en el cuidado de los nietos sea, en promedio, menos central o menos desafiante desde el punto de vista cognitivo y emocional. Otra hipótesis es que, para algunos, la tarea resulte más exigente y genere un nivel de estrés que neutralice los posibles beneficios.

La cantidad de horas no es lo decisivo

Uno de los resultados más llamativos del estudio es que la cantidad de tiempo dedicada al cuidado no parece ser el factor clave. Los investigadores no encontraron una relación directa entre el número de horas de cuidado —ya fuera una vez al mes o varios días a la semana— y el nivel de rendimiento cognitivo.

Este hallazgo desafía la idea de que “más es mejor” cuando se trata de actividades beneficiosas para el cerebro. Según Brehmer, si el cuidado de los nietos tiene efectos positivos, estos probablemente no dependen de la intensidad o de tareas específicas, sino de la experiencia global de implicarse en una actividad significativa y socialmente relevante.

En otras palabras, no se trata de acumular horas, sino de cómo se vive ese tiempo. El estudio sugiere que la calidad de la interacción y el grado de implicación personal pueden ser más importantes que la frecuencia con la que se cuida a los nietos.

Actividades variadas y participación activa

Al profundizar en el tipo de actividades realizadas durante el cuidado, los investigadores identificaron patrones más concretos. Los abuelos que participaban activamente en juegos, ayudaban con los deberes escolares o realizaban distintas actividades con sus nietos tendían a obtener mejores resultados en las pruebas de memoria y lenguaje.

La variedad también desempeñó un papel relevante. Cuantas más actividades diferentes realizaban los abuelos con sus nietos, mejores eran sus puntuaciones cognitivas. Esta diversidad puede estimular distintas funciones mentales, desde la planificación y la atención hasta el lenguaje y la memoria de trabajo.

Estas observaciones encajan con una amplia literatura científica que señala que el cerebro se beneficia de los entornos ricos y variados, especialmente en etapas avanzadas de la vida. El cuidado de los nietos, cuando implica interacción, juego y aprendizaje compartido, puede convertirse en una forma cotidiana de estimulación cognitiva.

El valor de un rol social significativo

Más allá de las tareas concretas, el estudio pone el acento en el significado social y emocional del cuidado. Según Brehmer, asumir el rol de cuidador puede ofrecer a las personas mayores una función clara y valiosa dentro de la familia, algo que no siempre está garantizado tras la jubilación o la salida del mercado laboral.

“La atención a los nietos puede proporcionar en edades avanzadas un rol social adicional y muy significativo”, explicó la investigadora. Ese rol suele ir acompañado de experiencias emocionales positivas, mayor actividad física y un compromiso mental constante con tareas cotidianas, factores que, en conjunto, podrían contribuir a preservar la salud cognitiva.

Además, cuidar de los nietos puede reforzar la posición de los abuelos dentro de la red familiar, aumentando la interacción social y el acceso a apoyo emocional. Esta integración social es un factor ampliamente reconocido como protector frente al deterioro cognitivo y la soledad, dos riesgos frecuentes en la vejez.

Una relación compleja, no necesariamente causal

Los autores del estudio subrayan que sus resultados no prueban una relación causal directa. Es decir, no se puede afirmar con certeza que cuidar de los nietos sea la causa del mejor rendimiento cognitivo. Existe la posibilidad de un efecto de selección: los abuelos con mejores capacidades mentales y físicas podrían ser, simplemente, quienes tienen más probabilidades de asumir ese rol.

Incluso después de emparejar a los participantes según salud y características sociodemográficas, los abuelos cuidadores mostraban un nivel cognitivo ligeramente superior al inicio del seguimiento. “No sabemos qué explica estas diferencias iniciales”, reconoció Brehmer, quien señaló que factores como la personalidad, la motivación o estilos de vida previos podrían influir.

Aun así, el hecho de que no se observen efectos negativos asociados al cuidado es un dato relevante. Siempre que la experiencia no sea vivida como una carga, el cuidado de los nietos no parece perjudicar la cognición y, en muchos casos, se asocia con beneficios claros.

La importancia de la voluntariedad

El estudio también advierte sobre los riesgos de convertir el cuidado en una obligación. Cuando la atención a los nietos se percibe como forzada o excesiva, puede generar estrés, un factor conocido por su impacto negativo en la salud mental.

Brehmer matizó que el concepto de “exceso” es subjetivo y depende de cada persona. “Alguien que cuida cinco días a la semana puede encontrarlo muy gratificante, mientras que otra persona que cuida solo ocasionalmente puede vivirlo como algo estresante”, explicó. Esto sugiere que la clave no está en el número de días, sino en el grado de elección y en la adecuación del rol a las preferencias individuales.

En este sentido, los investigadores insisten en que los beneficios potenciales del cuidado no deben traducirse en presión social sobre los abuelos. No todas las personas desean o pueden asumir ese papel, y ello no implica una desventaja automática para su salud cognitiva.

Más allá de los nietos

En sociedades cada vez más envejecidas, el tiempo que muchas personas pasan como abuelos es cada vez mayor. Sin embargo, los autores del estudio destacan que el mensaje central va más allá del cuidado de los nietos. Lo que parece marcar la diferencia es cómo se emplea el tiempo y si las actividades cotidianas generan implicación, estimulación y satisfacción personal.

“Nuestros hallazgos no implican que los abuelos que no cuidan de sus nietos estén en desventaja”, subrayó Brehmer. Actividades como el voluntariado, el aprendizaje continuo, la participación social o los hobbies intelectualmente exigentes pueden ofrecer beneficios similares para el cerebro.

El cuidado de los nietos es, en este contexto, una de las muchas formas en que las personas mayores pueden mantenerse mentalmente activas y socialmente conectadas. Para muchas abuelas, según sugiere el estudio, esta experiencia puede convertirse en un aliado inesperado para preservar la agilidad mental a lo largo de los años.

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