Inicio
Alimentación
Animales
Aves
Gallinas
Pollos
Reducir horas de sufrimiento en pollos cuesta menos de lo esperado, según un análisis
viernes, agosto 22, 2025

Reducir horas de sufrimiento en pollos cuesta menos de lo esperado, según un análisis

Pollos en una granja industrial con poco espacio, reflejando las condiciones de hacinamiento y el debate sobre bienestar animal.

Los pollos de engorde en la industria avícola viven en condiciones de hacinamiento y sufren intensos problemas de salud por el rápido crecimiento al que son sometidos. Ahora, un nuevo análisis muestra que es posible evitar horas de dolor extremo en estos animales a un coste insignificante, desmontando así uno de los principales argumentos en contra de mejorar su bienestar.

El avance fue descrito en un artículo publicado en la revista Nature Food, donde los investigadores analizaron el impacto del European Chicken Commitment (ECC), una iniciativa que propone adoptar razas de crecimiento más lento y mejores estándares de bienestar animal en la producción de carne de pollo. Los resultados indican que el costo real de implementar estas mejoras es mínimo y que la reducción del sufrimiento animal es masiva en comparación con la inversión que requiere.

En términos simples, los científicos calcularon que el gasto adicional equivale a menos de una centésima de centavo para evitar una hora de dolor intenso en un pollo. Traducido al consumidor, significaría alrededor de un dólar extra por kilo de carne, una cifra que desarma la idea de que mejorar la vida de los animales es económicamente inviable. El análisis también demostró que el impacto ambiental de esta transición es marginal, lo que invalida otro de los argumentos más repetidos por quienes se oponen a este tipo de cambios en la industria.

Una solución mucho más barata de lo esperado

El European Chicken Commitment se ha convertido en un punto de debate dentro de la industria avícola europea y mundial. El acuerdo pide a las empresas abandonar las razas de crecimiento ultrarrápido y adoptar razas más lentas, que presenten menos problemas de salud y, por tanto, menos sufrimiento. Las críticas hacia este enfoque han girado principalmente en torno a los costos y al supuesto aumento de emisiones de CO₂.

Sin embargo, el nuevo análisis demuestra lo contrario. Los investigadores calcularon que cambiar a pollos de crecimiento más lento permite evitar entre 15 y 100 horas de dolor intenso por cada animal. El costo de este cambio, lejos de ser prohibitivo, es prácticamente simbólico: un dólar extra por kilo de carne. Según sus estimaciones, esto equivale a una cantidad de CO₂ tan reducida como la que se genera al conducir un automóvil por solo 15 metros.

Este hallazgo convierte a la medida en una de las intervenciones más rentables para reducir el sufrimiento animal a gran escala. Como señalan los autores, pocas políticas públicas o ajustes industriales ofrecen tanto beneficio con tan poco coste económico y medioambiental.

La magnitud del sufrimiento en la avicultura

El análisis se apoyó en el Welfare Footprint Framework, una metodología pionera que permite cuantificar el sufrimiento animal en términos de tiempo y severidad. Este enfoque facilita medir el impacto real de las condiciones de vida y producción sobre los animales.

Los resultados son alarmantes. Las razas de crecimiento rápido, seleccionadas para alcanzar el peso de sacrificio en apenas seis semanas, desarrollan graves problemas físicos: cojeras, dificultades respiratorias, fallos cardíacos, estrés por calor y hambre crónica. Estas dolencias no solo acortan su calidad de vida, sino que generan un dolor prolongado y de alta intensidad.

La magnitud del problema es aún mayor si se considera la escala de la producción mundial. Cada año, más de 70 000 millones de pollos son criados para consumo humano, lo que los convierte en los animales terrestres más explotados del planeta. Con este volumen, incluso una pequeña mejora en su bienestar se traduce en una reducción colosal de sufrimiento a nivel global.

El papel de las aves reproductoras: hambre crónica y sufrimiento invisible

El análisis también pone de relieve una realidad menos conocida: el sufrimiento de las aves reproductoras. Estas gallinas y gallos son los encargados de producir los huevos de los que nacerán los pollos de engorde.

Dado que comparten la misma genética que los pollos destinados a engorde —es decir, un crecimiento extremadamente rápido—, los productores deben limitar drásticamente su alimentación para evitar problemas de salud y alargar su vida útil. El resultado es un estado permanente de hambre y estrés. Los investigadores calculan que estas aves experimentan miles de horas de sufrimiento severo a lo largo de su vida.

“Pocos se dan cuenta de que el sufrimiento comienza incluso antes de que el pollito salga del huevo, con la madre reproductora que vive en un estado de hambre forzada”, explica la doctora Cynthia Schuck-Paim, directora del Welfare Footprint Institute y autora principal del estudio. Para la científica, este aspecto refleja la dimensión invisible del problema: el dolor no se limita a los pollos que terminan en el mercado, sino que también afecta a los animales que forman parte del ciclo reproductivo.

Un punto de inflexión en el debate sobre bienestar animal

Los resultados del trabajo constituyen un punto de quiebre en la narrativa mantenida durante décadas por la industria avícola y sus defensores. Hasta ahora, las objeciones a las mejoras en bienestar se apoyaban en tres argumentos principales: que los costos eran demasiado elevados, que el impacto medioambiental era significativo y que el mercado no aceptaría el aumento de precios.

Esta publicación debilita esas justificaciones. Con un incremento de apenas un dólar por kilo de carne, las familias seguirían teniendo acceso a pollo asequible, mientras que el sufrimiento animal se reduciría de forma dramática. Además, el ligero aumento en las emisiones de gases de efecto invernadero es tan pequeño que resulta irrelevante frente a los beneficios obtenidos.

Los autores subrayan que las cifras son claras: se trata de una de las intervenciones más costoefectivas que se pueden implementar en el sistema alimentario mundial. Por ello, afirman que no puede seguir utilizándose el argumento económico o medioambiental para retrasar la transición hacia razas más lentas y sistemas más humanitarios.

Biológico frente a convencional: dos mundos opuestos

El análisis también reaviva la comparación entre pollo biológico y pollo convencional. Mientras que los pollos de engorde industrial viven en condiciones de hacinamiento —con hasta 22 animales por metro cuadrado—, los pollos biológicos disponen de cuatro metros cuadrados de espacio al aire libre y conviven con un máximo de cinco animales por metro cuadrado en interiores.

Las diferencias no se limitan al espacio. Los pollos biológicos tienen acceso a corrales exteriores donde pueden escarbar, picotear y desplegar comportamientos naturales. Por el contrario, en los sistemas intensivos estas conductas se ven severamente restringidas, lo que contribuye al estrés y al deterioro de la salud de los animales.

Otro factor diferenciador es la alimentación. En la producción biológica, el pienso procede de cultivos sin pesticidas sintéticos ni organismos genéticamente modificados. En la cría convencional, en cambio, los pollos suelen recibir una dieta enriquecida con aditivos destinados a acelerar su crecimiento, además de estar más expuestos al uso de antibióticos preventivos, aunque en Europa su regulación es cada vez más estricta.

Estas condiciones repercuten directamente en la vida del animal y también en la calidad de la carne. Los consumidores suelen describir el pollo biológico como más firme y con un sabor más intenso, resultado de un crecimiento más lento y una alimentación natural. En contraste, la carne de pollo convencional tiende a ser más blanda y menos sabrosa debido a la rapidez de su desarrollo.

Implicaciones globales y futuras decisiones

La publicación de este análisis tiene implicaciones que trascienden Europa. La producción industrial de pollo es un fenómeno global y, aunque existen diferencias entre regiones, el modelo intensivo de crecimiento rápido se ha consolidado como estándar.

Si las recomendaciones del European Chicken Commitment se adoptaran a gran escala, el impacto en el bienestar animal sería inmenso. La reducción de entre 15 y 100 horas de dolor intenso por pollo, multiplicada por los miles de millones de animales producidos cada año, se traduciría en una mejora sin precedentes en la historia de la ganadería.

Los investigadores sostienen que los gobiernos, las empresas y los consumidores tienen ahora la evidencia necesaria para justificar cambios inmediatos. Como concluye Schuck-Paim, “los costos o el impacto ambiental ya no son excusas válidas. Mejorar la vida de los pollos es posible, asequible y urgente”.

Sin comentarios