Las escenas de reanimación cardiopulmonar en series y películas siguen usando técnicas obsoletas que ya no se recomiendan y que, según investigadores, pueden confundir a la población y retrasar la ayuda correcta en una emergencia real.
Las imágenes se repiten una y otra vez en la ficción audiovisual: una persona se desploma, alguien se acerca, busca el pulso, inclina la cabeza del paciente y comienza una combinación apresurada de compresiones y respiraciones boca a boca. La escena transmite urgencia y heroísmo, pero también un mensaje equivocado. En la vida real, ese protocolo ya no es el recomendado para quienes presencian una parada cardíaca fuera del ámbito sanitario.
El problema no es solo narrativo. Investigadores de la University of Pittsburgh alertan de que la persistencia de estas representaciones erróneas puede tener consecuencias graves cuando los espectadores trasladan lo aprendido en la pantalla a una situación de emergencia real. Su análisis muestra que buena parte de las series de televisión siguen difundiendo métodos de reanimación superados, a pesar de que las guías médicas cambiaron hace más de una década.
Un estudio sobre la influencia de la ficción
El estudio, publicado en una revista científica de la American Heart Association, analizó cómo se representa la reanimación cardiopulmonar realizada por testigos en series estadounidenses emitidas desde 2008. Los investigadores revisaron 169 episodios en los que aparecía una escena de reanimación e identificaron los pasos seguidos por los personajes, el contexto y el perfil de las víctimas.
Los resultados muestran una brecha clara entre la ficción y la práctica clínica actual. Menos de un tercio de los episodios presentaban de forma correcta los pasos básicos recomendados hoy para una persona sin formación sanitaria avanzada. En casi la mitad de los casos se mostraban técnicas obsoletas, como comprobar el pulso antes de actuar o realizar respiraciones boca a boca, prácticas que ya no forman parte de las recomendaciones para reanimación por parte de testigos.
El estudio fue difundido también mediante un comunicado científico publicado en la plataforma EurekAlert, en el que se subraya el impacto potencial de estas imágenes en la conducta del público. Los autores advierten de que muchas personas adquieren su idea de cómo actuar en una emergencia médica a través de lo que ven en televisión y redes sociales, no en cursos formales de primeros auxilios.
Cómo ha cambiado la reanimación básica
Desde hace aproximadamente quince años, las guías internacionales de reanimación recomiendan un enfoque simplificado para los testigos de una parada cardíaca: llamar inmediatamente al número de emergencias y comenzar con compresiones torácicas firmes y continuas en el centro del pecho. El objetivo es mantener el flujo de sangre hacia el cerebro y otros órganos vitales hasta que llegue ayuda especializada.
Este método, conocido como “solo compresiones”, ha demostrado ser tan eficaz para los primeros minutos como la reanimación que incluye ventilaciones, siempre que la realice personal entrenado. Además, elimina una de las principales barreras psicológicas para intervenir: el rechazo o miedo a realizar respiración boca a boca a un desconocido.
“Durante mi trabajo como voluntaria enseñando reanimación a jóvenes en Pittsburgh, veo mucha confusión”, explica la investigadora Beth Hoffman, de Pitt Public Health, en declaraciones recogidas en el comunicado del estudio. “Preguntamos a los estudiantes cuál es el primer paso y muchos responden que hay que comprobar si la persona tiene pulso. Pero eso ya no se hace en la reanimación por parte de testigos”. Según Hoffman, antes de recibir formación, una gran parte de los alumnos afirma haber aprendido sobre reanimación a través de la televisión o las redes sociales, lo que llevó al equipo a plantear la investigación.
Lo que la televisión muestra mal
El análisis no se limita a los pasos técnicos. También revela distorsiones importantes sobre quién sufre una parada cardíaca y dónde ocurre. En las series analizadas, el 44 % de las víctimas tenía entre 21 y 40 años. En la vida real, la edad media de las personas que requieren reanimación es de 62 años, según datos epidemiológicos utilizados por los investigadores.
Algo similar ocurre con el lugar del colapso. En la ficción, el 80 % de las paradas cardíacas se produce en espacios públicos, lo que facilita la presencia de testigos y añade dramatismo a la escena. En la realidad, alrededor del 80 % ocurre en el hogar, lejos de miradas externas y con familiares como primeros respondedores.
Estas diferencias no son triviales. Para la investigadora principal Ore Fawole, pueden generar una falsa sensación de distancia respecto al riesgo real. “Esto puede llevar al público a pensar que una parada cardíaca es algo que solo ocurre en lugares públicos o a personas jóvenes”, señala. “Si alguien cree que no es relevante para su propia vida, puede no ver la necesidad de formarse en reanimación. Pero la mayoría de las paradas suceden en casa y la persona a la que puedes salvar probablemente sea alguien a quien amas”.
Quién recibe ayuda y quién no
El estudio también detectó un patrón que sí coincide con la realidad: tanto en la ficción como fuera de ella, la mayoría de las personas que reciben reanimación son hombres blancos. Las mujeres y las personas negras tienen menos probabilidades de ser reanimadas por un testigo, un fenómeno documentado en estudios previos sobre desigualdades en la atención de emergencias.
Los autores reconocen que no está claro si la televisión refleja estas desigualdades existentes o si contribuye a reforzarlas. “No sabemos si la ficción está copiando la realidad o si está influyendo en ella”, apunta Hoffman. “Pero es una cuestión importante para futuras investigaciones”.
El peso de la cultura audiovisual
La influencia de la televisión y el cine en la percepción pública de la medicina ha sido objeto de debate durante años. En el caso de la reanimación, esa influencia puede ser especialmente crítica porque las decisiones deben tomarse en segundos y bajo estrés extremo. En ese contexto, las personas recurren a lo que recuerdan, aunque ese recuerdo provenga de una serie de ficción.
Los investigadores subrayan que no se trata de culpar a los guionistas, sino de reconocer el alcance educativo involuntario de la ficción. En ausencia de formación formal, muchas personas toman la pantalla como referencia. Cuando esa referencia es incorrecta, el riesgo es que se retrase la intervención o se apliquen maniobras innecesarias que distraen de lo esencial.
El artículo científico señala que comprobar el pulso, por ejemplo, puede consumir segundos valiosos y resultar confuso para alguien sin entrenamiento. Lo mismo ocurre con las ventilaciones, que pueden interrumpir las compresiones y reducir su eficacia si no se realizan correctamente.
Llamar y comprimir, el mensaje clave
La recomendación actual para la población general se resume en dos pasos claros: llamar a emergencias y comenzar inmediatamente las compresiones torácicas. Los centros de emergencia, además, suelen guiar por teléfono a la persona que asiste a la víctima, corrigiendo la técnica y manteniendo el ritmo adecuado hasta que llega la ambulancia.
Los autores del estudio insisten en que este mensaje debería reflejarse con mayor fidelidad en la ficción audiovisual. Mostrar a personajes que actúan de acuerdo con las guías actuales no solo aumentaría el realismo, sino que podría tener un efecto positivo en la supervivencia real, al reforzar conductas correctas entre millones de espectadores.
Un llamado a la responsabilidad narrativa
La investigación concluye que las representaciones inexactas de la reanimación cardiopulmonar siguen siendo frecuentes y que existe margen de mejora. Los científicos animan a los creadores de contenidos a consultar fuentes médicas actualizadas y a colaborar con expertos cuando se abordan escenas de emergencia sanitaria.
No se trata de eliminar la tensión dramática, sino de adaptarla a la realidad. Una escena en la que un personaje marca el número de emergencias y comienza compresiones firmes y constantes puede ser tan intensa como cualquier otra, con el valor añadido de transmitir un conocimiento potencialmente salvador.
El estudio completo, publicado en una revista de la American Heart Association y difundido a través de un comunicado científico internacional, refuerza una idea sencilla pero crucial: en una parada cardíaca, saber qué hacer marca la diferencia entre la vida y la muerte. Si la televisión es una de las principales maestras involuntarias, su lección debería estar actualizada.

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