El autismo y la epilepsia parecen, a primera vista, trastornos muy distintos. Sin embargo, ambos se solapan con frecuencia: cerca de una de cada tres personas con autismo también presenta epilepsia, mientras que en la población general solo alrededor del 1 % la padece. Ahora, un grupo de científicos estadounidenses ha logrado desentrañar las razones de esta sorprendente conexión y, lo más llamativo, ha mostrado que un fármaco contra la epilepsia puede reducir o incluso eliminar síntomas relacionados con el autismo en modelos animales.
El avance fue descrito en un artículo publicado en la revista Science Advances, donde investigadores de la Universidad de Stanford analizaron en profundidad un área cerebral poco estudiada hasta ahora: la reticular thalamic nucleus (TRN, o núcleo reticular del tálamo). En experimentos con ratones, comprobaron que ciertos medicamentos utilizados para tratar epilepsia no solo suprimían las convulsiones, sino que también revertían comportamientos característicos del espectro autista.
Un punto de encuentro entre epilepsia y autismo
El vínculo entre epilepsia y autismo ha intrigado a la comunidad científica durante décadas. Estudios epidemiológicos han demostrado que la prevalencia de epilepsia en personas con autismo es hasta treinta veces superior a la media, pero las causas biológicas detrás de esta relación seguían siendo un misterio.
El equipo de Stanford, dirigido por el neurocientífico John Huguenard, decidió investigar la actividad del núcleo reticular del tálamo, una pequeña red de neuronas que funciona como un auténtico guardián de la información en el cerebro. Este “filtro” determina qué estímulos sensoriales procedentes del tálamo son transmitidos a la corteza cerebral y cuáles se descartan.
En los ratones modificados genéticamente para modelar el autismo, los investigadores observaron que esta región estaba hiperactiva. “Esta zona se iluminaba intensamente en las imágenes cerebrales y resultaba especialmente activa cuando los animales eran expuestos a estímulos simples como destellos de luz o una ráfaga de aire”, explicó Huguenard. Según detalla, esa sobreactivación también se manifestaba durante las interacciones sociales, lo que sugiere que el cerebro procesaba la información de forma distorsionada.
Los efectos de esa hiperactividad no se limitaban a un exceso de respuestas neuronales. También se reflejaban en el comportamiento: los ratones eran más sensibles a estímulos, mostraban movimientos repetitivos, hiperactividad y dificultades en la interacción social, rasgos directamente asociados al autismo. Al mismo tiempo, esa desregulación en la TRN podía desencadenar convulsiones epilépticas, lo que explica la coexistencia de ambas condiciones en numerosos pacientes.
Un fármaco experimental que borra síntomas
Para comprobar si la actividad anómala de la TRN era responsable de los síntomas, los científicos administraron a los ratones el medicamento experimental Z944, desarrollado originalmente para el tratamiento de epilepsia. El resultado fue sorprendente. “Los síntomas se redujeron e incluso en algunos casos desaparecieron por completo”, señaló el investigador Sung-Soo Jang. Los animales dejaron de reaccionar de manera exagerada a los estímulos, mostraron menos comportamientos repetitivos y mejoraron en las interacciones sociales.
Además de la farmacología, el equipo recurrió a una técnica genética conocida como DREADD neuromodulación, que permite manipular la actividad de las neuronas con precisión mediante sustancias químicas diseñadas para activar o desactivar células modificadas. Al inhibir la hiperactividad del núcleo reticular del tálamo, los rasgos autistas de los ratones desaparecieron. Por el contrario, cuando se sobreestimuló esta región en ratones sanos, estos comenzaron a presentar conductas propias del espectro autista.
El hallazgo sugiere que este pequeño nodo neuronal no solo participa en la regulación de la epilepsia, sino que también desempeña un papel central en los mecanismos que desencadenan el autismo.
Una nueva diana terapéutica
Hasta ahora, la mayor parte de los estudios sobre autismo se habían centrado en las conexiones entre el tálamo y la corteza cerebral. La investigación de Stanford cambia esa perspectiva y sitúa al núcleo reticular del tálamo en el centro de la escena.
“Lo que hemos encontrado es que esta estructura podría ser un objetivo clave para desarrollar nuevas terapias”, afirmó Huguenard. “El hecho de que fármacos antiepilépticos ya disponibles puedan modular este circuito y reducir síntomas comportamentales resalta que epilepsia y autismo comparten más de lo que creíamos”.
Este descubrimiento abre la puerta a tratamientos más específicos, alejados de las intervenciones generales que hasta ahora se empleaban en el manejo del autismo. La posibilidad de actuar sobre un único punto neural y lograr un efecto en múltiples síntomas —desde la sensibilidad sensorial hasta la sociabilidad— representa un cambio de paradigma en la investigación de los trastornos del espectro autista.
Precauciones y próximos pasos
A pesar del entusiasmo, los investigadores son cautos. Los experimentos se realizaron únicamente en ratones, y no está garantizado que los resultados sean extrapolables a los seres humanos. El cerebro humano es mucho más complejo, y la regulación de la TRN podría diferir en aspectos fundamentales.
Jang subrayó que los hallazgos no deben interpretarse como una cura inmediata. “El hecho de que podamos atenuar tantos síntomas modulando un área específica es muy prometedor. Sin embargo, todavía estamos en una etapa preliminar y es necesario comprobar si esta estrategia funciona en cerebros humanos”.
El próximo paso será avanzar hacia estudios clínicos que evalúen si medicamentos como el Z944 pueden ofrecer beneficios a personas con autismo. También será crucial determinar si estos fármacos son seguros a largo plazo, dado que la modulación de la actividad cerebral conlleva riesgos de efectos secundarios.
Implicaciones más allá del autismo
Este trabajo no solo aporta esperanza a familias y pacientes con autismo, sino que también abre nuevas líneas de investigación en neurociencia. Comprender cómo un mismo mecanismo neuronal puede dar lugar tanto a epilepsia como a síntomas autistas ayuda a explicar por qué estas condiciones aparecen tan frecuentemente juntas.
La investigación también ofrece un marco más amplio para estudiar otros trastornos relacionados con la sobreactividad neuronal, como la ansiedad o ciertos tipos de esquizofrenia, que podrían compartir alteraciones en el filtrado de estímulos en el tálamo.
El hallazgo de Stanford se suma a un creciente esfuerzo global por desentrañar las raíces biológicas del autismo, una condición que afecta a decenas de millones de personas en todo el mundo y cuyo origen es todavía objeto de debate entre factores genéticos, ambientales y neurobiológicos.
Al situar al núcleo reticular del tálamo en el centro de la ecuación, los científicos proponen un camino innovador: intervenir en un circuito neuronal preciso que regula el flujo de información hacia la corteza. Si esta estrategia se confirma en humanos, podría transformar el abordaje terapéutico del autismo y ofrecer, por primera vez, tratamientos dirigidos a la raíz del trastorno en lugar de limitarse a manejar los síntomas.
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