Miles de misteriosos pozos en el Mar del Norte revelan un secreto inesperado

Las marsopas cazadoras no solo dejan abolladuras, sino que, sin saberlo, esculpen el fondo del océano, depositando toneladas de sedimentos mientras buscan lanzones en el Mar del Norte.

Hay decenas de miles de misteriosos pozos en el fondo del Mar del Norte. Se suponía que se producían cuando, por ejemplo, los gases abandonaban el lecho marino. Pero una nueva investigación revela ahora que en algunos casos las cosas son muy distintas.

De hecho, en muchos casos no son los gases que se escapan del fondo marino, sino las marsopas las que resultan ser las culpables; los científicos han llegado a esta conclusión tras un largo y extenso estudio en el que se han utilizado muchas disciplinas científicas diferentes. Por ejemplo, las marsopas dejan pequeñas abolladuras de unos 11 centímetros de profundidad cuando cazan lanzones. 

Estos pozos hechos por las marsopas pueden acabar convirtiéndose en fosas de hasta 50 metros. Los resultados son, por tanto, muy importantes, porque estas fosas profundas pueden llegar a tener un efecto importante en los diversos ecosistemas presentes en el mar.

Más información sobre las marsopas y los lanzones

Las marsopas son mamíferos marinos que forman parte de la familia de los delfines. Estos cetáceos se caracterizan por su cuerpo robusto y hocico corto. Su dieta varía, pero algunas especies de marsopas cazan peces, incluidos los lanzones. Los lanzones, por otro lado, son peces con cuerpos alargados y forma de aguja que suelen habitar en aguas saladas. En el ecosistema marino, las marsopas pueden desempeñar un papel importante al cazar y consumir lanzones como parte de su dieta. Este tipo de interacción entre especies contribuye al equilibrio del ecosistema marino.

Antes se pensaba que los pozos en el fondo del mar, también conocidos como marcas de viruela o Pockmark, se creaban siempre por la salida de líquidos y gases del lecho marino. Nuevas investigaciones demuestran que no siempre es así. Por ejemplo, en el fondo marino hay muchos arenales y las marsopas dejan estas marcas de viruela cuando han estado cazando. Estas abolladuras se parecen a las llamadas marcas de viruela, pero son mucho menos profundas y, por tanto, no son iguales. El científico Jens Schneider von Deimling colaboró en la investigación. “Nuestros resultados demuestran por primera vez que estas abolladuras en el fondo marino se deben directamente al comportamiento de las marsopas y los lanzones. Así pues, las abolladuras no solo están causadas por el ascenso de los fluidos”. La investigación se publicó en la revista Communications Earth & Environment.

Marsopas a la caza

Los científicos utilizaron una combinación de diferentes técnicas para el estudio. Por ejemplo, utilizaron una sonda de profundidad de última generación, observaron el comportamiento de las marsopas e incluso utilizaron satélites. Al final, descubrieron 42 458 pozos con una profundidad media de 11 cm en la zona estudiada del Mar del Norte. A los científicos les llamó la atención que estos pozos se encontraran sobre todo en zonas de cría de lanzones. Esto confirmó su hipótesis de que, ciertamente, no todas las fosas en el fondo marino están causadas únicamente por la subida del gas y el agua del fondo. 

“Tuvimos que plantear una hipótesis alternativa que explicara de dónde procedían estas fosas”, explica Schneider von Deimling. “Esto nos permitió finalmente predecir dónde deberían estar las posibles zonas de caza de las marsopas, que es donde encontramos los pozos: siempre cerca de zonas donde viven los lanzones”.

Los científicos sospechan que los pequeños pozos podrían acabar convirtiéndose en pozos mucho más grandes, de hasta 50 metros de profundidad. Es importante saberlo porque podría tener efectos importantes en el desarrollo de los ecosistemas marinos. “A largo plazo, los resultados serán especialmente importantes en términos geológicos y biológicos”, informa Schneider von Deimling. “Por ejemplo, los resultados pueden servir para evaluar mejor los riesgos ecológicos de la energía verde en el mar. De este modo, se podrá proteger mejor la vida marina”.

Además, ahora también está quedando claro que las numerosas y pequeñas abolladuras del fondo oceánico también tienen, en última instancia, un efecto importante en la cantidad de sedimentos que se mueven por una zona. Por ejemplo, según los primeros cálculos, solo en la zona estudiada, de 1581 km², se han depositado 773 369 toneladas de sedimentos. Esa cantidad de sedimento pesa tanto como 500 000 coches. Así pues, aunque las marsopas solo estén interesadas en cazar lanzones, también ponen en marcha procesos que, en última instancia, moldean literalmente el fondo del océano.

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