Los cabezazos en el fútbol dañan el cerebro: se deteriora el rendimiento cognitivo

Aunque la materia gris procesa la información en el cerebro y la materia blanca facilita las conexiones entre las células nerviosas, el fútbol parece añadir un nuevo giro. Los cabezazos frecuentes pueden difuminar la línea entre estos dos, según el estudio, creando una "zona de transición borrosa" que impacta el rendimiento cognitivo de los futbolistas.

El remate de cabeza ha formado parte del juego desde que existe el fútbol. Pero en los últimos tiempos, cada vez son más las voces que afirman que tanto cabezazo es perjudicial para el cerebro. Este estudio también llega a esa conclusión. Ya a los dos años, la microestructura del cerebro se rompe.

También se deterioran varias funciones cerebrales relacionadas con el aprendizaje y la memoria, según una nueva investigación presentada esta semana en la reunión anual de la Sociedad Radiológica de Norteamérica (RSNA) en Chicago. 

“Existe una gran preocupación a nivel mundial por las lesiones cerebrales en general y, en particular, por los posibles efectos negativos a largo plazo de los cabezazos durante la práctica del fútbol”, afirma el investigador principal, Michael Lipton, de la Universidad de Columbia. “Gran parte de esta preocupación tiene que ver con los cambios físicos que experimentan los adultos jóvenes, que pueden conducir a un mayor riesgo de ruptura de las células cerebrales y demencia más adelante en la vida”.

Nuevo método, bajo el escáner

Un estudio anterior ya examinó los efectos negativos en el cerebro de los futbolistas que cabecean balones, pero ese estudio solo analizaba un momento concreto en el tiempo. Este nuevo estudio analiza los cambios en el cerebro a lo largo de dos años. Una media de 148 jóvenes futbolistas aficionados de 27 años participaron en el estudio. El equipo de investigación elaboró un cuestionario especial para que los jugadores averiguaran con qué frecuencia tocaban el balón con la cabeza. “Cuando empezamos, no existía ningún método para calcular con precisión el número de cabezazos por jugador”, explica Lipton. “Por eso desarrollamos un cuestionario estructurado que ha sido validado en varios estudios”.

La encuesta consistía en una serie de preguntas sobre la cantidad de partidos, entrenamientos y remates de cabeza que jugaban los sujetos. Después de dos años, el número de remates de cabeza se clasificó en bajo, medio y alto. A continuación, los jugadores realizaron pruebas de aprendizaje y memoria y se les sometió a un escáner de imagen de tensor de difusión (DTI) al principio del estudio y dos años después. La DTI, una forma de imagen por resonancia magnética (IRM), permite cartografiar la microestructura del cerebro siguiendo el movimiento microscópico de las moléculas de agua a través del tejido cerebral.

Lesión cerebral leve

Y eso arrojó unos resultados bastante impactantes. En el grupo que sufrió más traumatismos craneoencefálicos (más de 1500 en dos años) se produjo un aumento de la difusión en la sustancia blanca frontal y una disminución de la medida de la estructura cerebral en determinadas zonas. Los resultados se ajustaron en función de la edad, el sexo, el nivel educativo y las conmociones cerebrales previas.

Escáner DTI.
Escáner DTI. Imagen: RSNA/Michael L. Lipton, M.D., Ph.D.

“Nuestro análisis muestra que un gran número de golpes en la cabeza a lo largo de dos años puede estar relacionado con cambios en la microestructura cerebral, similares a una lesión cerebral leve”, afirma Lipton. “Muchos cabezazos también se asocian a una disminución del rendimiento en el aprendizaje verbal. Este es el primer estudio que demuestra un cambio a largo plazo en la estructura cerebral debido a los cabezazos en el fútbol”.

En un segundo estudio, los investigadores profundizaron en la relación entre los remates de cabeza y el rendimiento en el aprendizaje verbal. Para ello, analizaron los remates de cabeza más de 12 meses del escáner DTI y el rendimiento del aprendizaje verbal en 353 futbolistas aficionados de entre 18 y 53 años. A diferencia de investigaciones anteriores que se centraban en la sustancia blanca más profunda del cerebro, este estudio utilizó una nueva técnica con determinados parámetros de DTI para evaluar la línea divisoria entre la sustancia gris y blanca del cerebro, más cerca del cráneo.

“Es importante destacar que nuestro nuevo enfoque estudia una región del cerebro que es propensa a sufrir lesiones, pero que apenas se ha estudiado hasta ahora debido a las limitaciones de los métodos existentes”, explica Lipton. “La aplicación de esta técnica podría identificar potencialmente daños por golpes repetidos en la cabeza, así como conmociones cerebrales u otras lesiones cerebrales de una forma que antes no era posible”.

Aporte importante al debate

Los investigadores descubrieron que la separación normalmente nítida entre la materia gris y la blanca se veía atenuada por la exposición frecuente a los golpes en la cabeza. “Utilizamos la DTI para determinar la nitidez de la transición de la materia gris a la blanca”, explica Lipton. “En múltiples trastornos cerebrales, esta línea divisoria normalmente nítida entre los dos tejidos cerebrales se convierte más bien en una zona de transición borrosa”. Esta es, según Lipton, la explicación de la disminución del rendimiento cognitivo provocada por los altos niveles de cefalea. “Estos hallazgos suponen una importante contribución al actual debate sobre si cabecear en el fútbol es perjudicial o no”, concluye. Y parece que sí es perjudicial.

Materia blanca frente a materia gris

En el exterior del cerebro se encuentra principalmente la materia gris. Está formada principalmente por células nerviosas. Se podría decir que la materia gris es donde se procesa la información. La materia blanca está más en el interior y consiste en las conexiones entre las células nerviosas. Alrededor de estas conexiones hay mielina, una especie de capa blanca aislante. Esto garantiza que las señales entre las células nerviosas se transmitan rápidamente.

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