Científicos descubren algo que podría predecir los terremotos: un hallazgo crucial

Aunque el último gran terremoto en Turquía y Siria causó estragos, los científicos descubrieron que las señales sísmicas fueron perceptibles ¡con ocho meses de anticipación! Esto sugiere la posibilidad de desarrollar sistemas de alerta más efectivos para prevenir daños futuros.

Los terremotos suelen causar enormes daños y pueden costar muchas vidas. Se ahorrarían muchas si pudiéramos predecir mejor los seísmos. Los científicos están un paso más cerca de conseguirlo.

Han descubierto que, en el último gran seísmo ocurrido en Turquía y Siria, las señales sísmicas fueron perceptibles con ocho meses de antelación. Los investigadores del Centro Helmholtz de Potsdam escriben en la revista Nature que los sistemas de alerta de terremotos necesitan más redes de detección locales y regionales, y que las fallas secundarias necesitan una mejor vigilancia. Así se podrían predecir mejor los grandes terremotos en el futuro, aunque sigue siendo un reto.

Una retrospectiva

Aunque tendría grandes beneficios para las personas, pero también para las infraestructuras y los edificios, por ejemplo, actualmente todavía no es posible estimar con antelación la magnitud, el momento o la localización de un terremoto. En algunos casos, los procesos que acaban provocando un seísmo llevan meses o incluso años produciéndose. Es posible vigilarlos y reconocerlos, pero eso ya es difícil de por sí. Atribuirle además una fecha y un lugar exactos es aún más complicado.

En retrospectiva, los investigadores alemanes lo consiguieron. Analizaron el gran terremoto de Turquía, que se produjo el 6 de febrero de este año y se cobró la vida de al menos 50 000 personas. La grieta comenzó en una falla secundaria y luego se propagó a la falla principal. La investigadora Patricia Martínez Garzón y sus colegas descubrieron una aceleración de los fenómenos sísmicos y un aumento de la energía liberada desde unos ocho meses antes del gran terremoto de Kahramanmaraş, en grupos situados a unos 65 kilómetros del epicentro.

Fallas secundarias

Lo sorprendente fue que, aunque el terremoto se produjo en la falla principal, en una región conocida como zona sísmica, las señales sísmicas también podían observarse en la falla secundaria. Hasta ahora se había prestado poca atención a este hecho. “Lo que descubrimos en nuestro estudio basado en los patrones sísmicos de la región en los nueve años anteriores es que algo empezó a cambiar ocho meses antes de este terremoto”, explican los investigadores Grzegorz Kwiatek y Patricia Martínez Garzón. “La actividad sísmica en la zona alrededor del epicentro empezó a mostrar características sutilmente diferentes a las anteriores, en cuanto a localización, frecuencia y energía liberada”. Estas señales secundarias coinciden con las de terremotos anteriores, como el de Kaikoura, en Nueva Zelanda, en 2016.

El grado en el que se podían apreciar los cambios sorprendió a los investigadores. “Lo que nos sorprendió fue lo prominentes que eran los cambios sísmicos, algo que otros científicos también concluyeron, utilizando sus propios métodos”, dijo Martínez Garzón. 

Esto no significa que ahora veamos venir los terremotos con antelación. Aunque algunos terremotos de gran magnitud tienen una fase previa que puede seguirse, debido al gran número de variables seguirá siendo un gran reto reconocer las señales y utilizarlas para una previsión a medio plazo, subrayan los investigadores.

Mejor vigilancia

Para desarrollar realmente un sistema de alerta de terremotos, primero hay que comprender mejor los acontecimientos que los provocan. Para ello es necesario mejorar la vigilancia y los datos sísmicos a largo plazo. “Implica una vigilancia más exhaustiva que vaya más allá de los instrumentos para registrar los terremotos. También hay que cartografiar otros procesos, como la lenta deformación de la corteza terrestre. Esto nos ayudará a comprender mejor qué hace que una falla sea más activa”, explica Martínez Garzón. “Los datos a largo plazo de la actividad sísmica en una zona pueden ayudarnos a determinar con más certeza cuándo empieza a desviarse de la actividad normal”.

El estudio alemán también recibió comentarios. Por ejemplo, un investigador escribió que seguirá siendo prácticamente imposible predecir terremotos ahora y en el futuro, y otro escribió que es muy difícil porque siempre será una estimación. Supongamos que se produce un terremoto que no se predijo o que se predijo uno que no ocurrió, el público en general pierde inmediatamente la confianza en el sistema de alerta.

El investigador Kwiatek responde: “Estamos fundamentalmente de acuerdo con el comentario. Aunque los procesos de la fase previa son similares en cierta medida, cada terremoto, al igual que los procesos que le preceden, es único en cierto sentido. En otras palabras, en general entendemos los procesos que conducen a los terremotos, pero la complejidad de la corteza terrestre y los detalles de cómo se acumulan las presiones pueden dar lugar a interpretaciones ambiguas. Eso reduce el potencial de una previsión a medio plazo”.

Buena preparación

El científico sí sostiene que la vigilancia continua de la fase previa a un terremoto puede mejorar la predicción. “Pero, como también se dice en el comentario, siempre seguirán siendo predicciones con una cierta probabilidad. Al igual que ocurre con los fenómenos meteorológicos extremos, también creemos que una buena preparación y saber reaccionar cuando ocurre es lo más importante que se puede hacer para reducir los daños potenciales de los terremotos”.

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