Descubren restos de presas en el estómago de un joven T-Rex: le encantaban las piernas

El joven Gorgosaurus no solo revela sus preferencias gastronómicas, sino también su lado “gourmet”: se especializaba en arrancar las extremidades de los Citipes, un toque peculiar en la dieta de este tiranosaurio, como si disfrutara de una delicada selección culinaria en la época prehistórica.

El joven Gorgosaurus, al parecer, tenía un gusto bastante selecto, centrando su dieta en las extremidades del Citipes (dinosaurios parecidos a las aves), similar a cómo algunos niños prefieren ciertos alimentos desde pequeños y luego desarrollan gustos más variados con el tiempo.

Por primera vez en la historia, se han encontrado restos de animales de presa en el estómago de un tiranosaurio. Así lo escriben los científicos en un nuevo estudio, que demuestra que los poderosos dinosaurios ‘anhelaban las extremidades’ en sus años jóvenes.

El esqueleto de un Gorgosaurus, miembro de la familia de los tiranosaurios a la que también pertenece el T-Rex, nos cuenta más cosas sobre cómo crecían estos dinosaurios. Según los investigadores, los animales jóvenes eran de constitución bastante esbelta, pero poco a poco se convirtían en gigantescos depredadores. El Gorgosaurus (traducido libremente como “lagarto terrible”) tenía unos seis años cuando murió hace unos 75 millones de años.

Preferencia por las extremidades

El fósil fue descubierto en 2009 en el Dinosaur Provincial Park, al este de la ciudad canadiense de Calgary. No fue hasta que los investigadores volvieron a examinar el esqueleto en el laboratorio cuando vieron algo muy especial. El investigador principal, François Therrien, del Museo Royal Tyrrell, cerca de Calgary, dice que se quedó boquiabierto al “descubrir que los restos de la última comida de este joven tiranosaurio se habían conservado en el interior del fósil”. Lo más sorprendente es que los diminutos huesos que sobresalían de la caja torácica del tiranosaurio resultaron pertenecer a dos dinosaurios parecidos a aves. Eran las extremidades del llamado Citipes.

Los paleontólogos sospechan que los Citipes tenían plumas y pico. Caminaban sobre dos patas, lo que los asemeja a los pavos modernos: un ave de construcción robusta y sin alas. Eran mucho más pequeños que los enormes dinosaurios herbívoros, que tenían en el menú los tiranosaurios adultos, explica Therrien. Además, este joven Gorgosaurus era un “comedor exigente”. “Utilizaba sus afilados dientes para arrancar de un mordisco las extremidades de los Citipes y solo se comía estas partes”, explica la investigadora Darla Zelenitsky, de la Universidad de Calgary.

Transformación del T-Rex

El descubrimiento nos da una rara idea de cómo evolucionaron los tiranosaurios. Al nacer medían alrededor de un metro de largo y crecieron hasta convertirse en uno de los mayores depredadores que jamás han vagado por la Tierra. “Este fósil es la primera prueba tangible de que los tiranosaurios cambiaron drásticamente su dieta a medida que envejecían”, dice Zelenitsky. 

Los tiranosaurios jóvenes tenían la cabeza y las patas delgadas y dientes afilados como cuchillos para desgarrar los cadáveres. “Probablemente, eran capaces de correr bastante rápido, por lo que podían alimentarse de sus presas, parecidas a los pavos. Estos animales jóvenes probablemente se parecían más a los velocirraptores que aparecen en la película “Parque Jurásico” que al gigantesco T-Rex”, afirma la paleontóloga.

Alrededor de los 11 años, el tiranosaurio habría alcanzado la madurez. Su tamaño era casi diez veces mayor y superaban los 3000 kilos. Su cabeza era más ancha en términos relativos y absolutos, y sus dientes más gruesos. Therrien los llama “colmillos voraces”, capaces de morder huesos enormes. Esta transformación vino acompañada de un cambio en la dieta: desapareció el apetito por las piernas de la infancia y, a cambio, llegó la caza de dinosaurios herbívoros gigantes. “Este tipo de cambio drástico en la dieta es mucho más común en el reino animal. Los cocodrilos y los dragones de Komodo, por ejemplo, se dan un festín de insectos cuando son bebés, luego cambian a roedores y finalmente engullen grandes mamíferos”, explica Therrien.

De depredador meso a depredador ápice

Los científicos afirman que el fósil de Gorgosaurus es una prueba contundente de la teoría de que los tiranosaurios jóvenes (incluido el T-Rex) asumían el papel de “mesopredador” en la pirámide alimentaria. Más tarde, solo crecieron hasta convertirse en depredadores ápice. “Esta adaptación es probablemente la razón por la que los tiranosaurios tuvieron tanto éxito y dominaron sus ecosistemas a finales del Cretácico en Norteamérica y Asia”, concluye Therrien.

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