Las mujeres prehispánicas también calzaban, y posiblemente eran mejores que los hombres

Las excavaciones en Perú revelaron tumbas prehistóricas donde mujeres del Holoceno fueron enterradas con armas de caza. Este hallazgo desafía la concepción común de enterrar a las personas con objetos importantes para ellas, sugiriendo que las mujeres no solo cazaban, sino que su destreza en esta actividad era reconocida y honrada incluso en la vida después de la caza.

El estudio acaba con la suposición, aceptada durante mucho tiempo, de que la caza era solo cosa de hombres. “Todos contribuían a la caza, no solo los hombres”, afirma.

Películas, libros y series dejan pocas dudas al respecto. En los tiempos de las secuelas, “el hombre” cazaba con una lanza en la mano, acompañado de “la mujer recolectora”, con un bebé a la espalda y una cesta de frutos secos, bayas y plantas comestibles recogidas en la mano. “Esto es lo que todo el mundo está acostumbrado a ver”, afirma la investigadora Cara Ocobock. “Es la idea que está arraigada en todos nosotros y que se ha transmitido a través de los museos de historia natural”.

Después de todo, las cosas son diferentes

Mientras tanto, sin embargo, aparecen cada vez más estudios que pintan un panorama completamente distinto. Las mujeres no veían a sus maridos cazar piezas de caza mayor, sino que iban a cazar con ellos con la misma frecuencia. Y los últimos estudios de Ocobock también lo avalan. De hecho, ha descubierto que las mujeres prehistóricas no solo participaban en la caza, sino que su físico femenino y su biología las habrían hecho naturalmente más aptas para esta actividad. “En estos estudios no pretendemos borrar ni reescribir la historia, sino corregir una historia en la que a menudo se dejó de lado a las mujeres”, afirma Ocobock.

En el estudio fisiológico, la investigadora explica que las mujeres prehistóricas eran muy hábiles en el duro trabajo de cazar presas. Probablemente, podían mantenerlo con éxito durante largos periodos de tiempo. “Si nos fijamos en el metabolismo, el cuerpo femenino está mejor adaptado para la resistencia”, explica Ocobock. “Esto habría sido esencial en la caza porque tenían que perseguir a sus presas durante mucho tiempo antes de poder atacar”.

A esa mejora del metabolismo contribuyen sobre todo las hormonas: en este caso, el estrógeno y la adiponectina. Estas hormonas suelen ser más abundantes en el organismo de las mujeres que en el de los hombres. Desempeñan un papel esencial en la regulación de la glucosa y la grasa en el organismo femenino, algo crucial para el rendimiento deportivo.

1) Los estrógenos

En particular, el estrógeno desempeña un papel en la regulación de la forma en que el cuerpo procesa la grasa. Anima al organismo a utilizar la grasa almacenada como fuente de energía antes de recurrir a los hidratos de carbono. “Como la grasa contiene más calorías que los hidratos de carbono, su combustión es más lenta y gradual”, explica Ocobock. “Esto significa que la misma cantidad de energía puede mantenerte activa durante más tiempo y retrasar la fatiga”. Al mismo tiempo, el estrógeno también protege a las células del organismo de los daños que se producen cuando el cuerpo se expone al calor de una actividad física intensa. “Desempeña un papel crucial en la salud de nuestro corazón, el metabolismo, el desarrollo del cerebro e incluso la curación de lesiones”, enumera Ocobock.

2) Adiponectina

La adiponectina no solo aumenta la quema de grasas, sino que también hace que el cuerpo utilice los carbohidratos y las proteínas con moderación. Esto permite al organismo mantenerse activo durante mucho tiempo. De este modo, la adiponectina protege los músculos de la degradación y los mantiene en buenas condiciones para el ejercicio prolongado.

Estructura corporal, lesiones y armas de caza 

La forma en que están construidas las mujeres es otro elemento que los investigadores señalaron como una ventaja durante la caza. “Como las mujeres suelen tener las caderas más anchas, pueden rotarlas, lo que hace que sus pasos sean más largos”, explica Ocobock. “Los pasos más largos cuestan menos energía en términos de metabolismo, lo que permite llegar más lejos y más rápido. Si se observa la anatomía humana de este modo, se puede comparar a las mujeres con corredoras de maratón y a los hombres con atletas de fuerza”.

En el estudio arqueológico, la investigadora explica que varias excavaciones del pasado demuestran que las mujeres prehistóricas sufrían las mismas lesiones que los hombres como consecuencia del peligroso trabajo de la caza. Las lesiones que sufrían se asemejan a las de los payasos de rodeo actuales: heridas en la cabeza y el pecho por patadas del animal, o en las extremidades por mordeduras o fracturas. “Encontramos estas lesiones tan comunes en mujeres como en hombres”, continuó Ocobock. “Esto demuestra que ambos sexos cazaban caza mayor”.

Lo que refuerza aún más esta afirmación es que en Perú se han encontrado tumbas prehistóricas en las que se enterraba a mujeres del Holoceno con armas de caza. “No se suele enterrar a la gente con algo, a menos que fuera importante para ellos o porque fuera un objeto que utilizaran habitualmente”, dijo Ocobock.

Las mujeres también cazaban

En definitiva, la investigadora cree firmemente que las mujeres no eran realmente inferiores a los hombres en lo que a la caza se refiere. “Cazar era algo que hacían todos, no solo los hombres”, concluye Ocobock. “Sobre todo en las comunidades prehistóricas, donde todos tenían que ayudar a sobrevivir. No había suficientes personas para especializarse en distintas tareas. Todos tenían que ser generalistas para sobrevivir. Además, no tenemos motivos para pensar que las mujeres prehistóricas dejaran de cazar cuando estaban embarazadas o amamantando. No encontramos pruebas de una división estricta del trabajo sexual en el pasado remoto”.

Esta revelación es muy relevante en nuestra sociedad, donde el género y el sexo reciben mucha atención. “Espero que la gente sea capaz de cambiar ideas tan arraigadas como la inferioridad física femenina”, subraya Ocobock. Según ella, es crucial que los científicos sean extremadamente cuidadosos a la hora de introducir prejuicios modernos en sus interpretaciones del pasado. Advierte que los investigadores deben ser conscientes de sus propios prejuicios y asegurarse de que formulan las preguntas adecuadas para que estas no les lleven a lo que quieren ver. “Es importante que cambiemos nuestros propios prejuicios o, al menos, que nos paremos a pensar un momento antes de aplicarlos”, afirma Ocobock. “No podemos limitarnos a juzgar las aptitudes de alguien en función de su sexo o género”.

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