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Simios giran a propósito para marearse y alterar su conciencia, según investigación
jueves, agosto 17, 2023

Simios giran a propósito para marearse y alterar su conciencia, según investigación

Los monos giran en círculos para marearse, por lo que posiblemente nuestra búsqueda de experiencias que alteren la mente sea mucho más antigua de lo que se pensaba

Los grandes simios a veces giran deliberadamente en círculos para marearse. Investigadores británicos llegan a esa conclusión tras una búsqueda en YouTube.

Todo empezó con un vídeo que se hizo viral de un gorila macho girando en círculos en una piscina. El clip llegó también a algunos investigadores británicos y les hizo pensar. Al fin y al cabo, ¿estaba este simio mareándose a propósito? ¿Y era algo que los grandes simios hacían más a menudo? Los investigadores decidieron investigar más a fondo y consiguieron encontrar otros 40 vídeos en Internet de grandes simios girando. Tras analizarlos, llegaron a la conclusión de que los grandes simios (desde gorilas hasta chimpancés, pasando por bonobos y orangutanes) giraban en círculos a propósito para marearse. Se trata de un hallazgo interesante que también podría ayudar a comprender mejor cuándo desarrollamos los humanos el deseo de vivir experiencias que alteran la mente y manipulan activamente nuestro estado de ánimo y nuestra percepción de la realidad.

Escapar de la realidad

“Todas las culturas han encontrado una forma (a través de rituales, prácticas o ceremonias sagradas y especiales) de escapar de la realidad”, afirma el investigador Adriano Lameira. “Ese rasgo humano de buscar un estado mental diferente es tan universal (…) que crea la intrigante posibilidad de que sea algo que heredamos de nuestros antepasados”.

Los monos giradores parecen avalar ahora con cautela esa posibilidad. “Girar altera nuestra conciencia”, dice Lameira. “Altera nuestra coordinación, nos pone enfermos, mareados e incluso eufóricos (…) Lo que queríamos tratar de explorar con este estudio es si girar también puede estudiarse como un comportamiento primigenio que nuestros antepasados también exhibían y utilizaban para alcanzar un estado de conciencia diferente.” Porque: “Si todos los grandes simios intentan marearse, es muy probable que nuestros antepasados también lo hicieran”.

Un gorila da vueltas en un parque nacional de Ruanda. Imagen: Universidad de Warwick / Kusini Safaris.

Hacen tres sesiones de vueltas

Un análisis de las imágenes de vídeo revela que, además del gorila de la piscina, chimpancés, bonobos y orangutanes también dan vueltas hasta marearse. Por término medio, los primates giraban así alrededor de su eje 5,5 veces por “sesión de spinning”, a una velocidad media de 1,5 revoluciones por segundo. Por lo general, repetían la sesión tres veces.

Colgados de una cuerda giran aún más rápido

Y cuando los simios giraban colgados de una cuerda, también lo hacían durante mucho tiempo y, sobre todo, muy rápido. Su velocidad de rotación era comparable a la de los bailarines profesionales. Su velocidad de rotación también era similar a la de los derviches (clérigos islámicos) que dan muchas vueltas durante las danzas rituales, cuyo objetivo es entrar en trance espiritual. “Los monos giraban deliberadamente”, dice Lameira de las imágenes analizadas. “Casi como si estuvieran bailando, algo que los humanos sabemos que cambia nuestro estado de ánimo, contribuye al vínculo social, estimula los sentidos Y se basa en movimientos de rotación”, dice Lameira. “Los paralelismos entre lo que hacían los monos y lo que hacen los humanos no pueden ser coincidencia”.

Lo hacen a propósito

Los investigadores también intentaron imitar ellos mismos los movimientos de rotación de los monos, pero tuvieron grandes dificultades para fijar un tercero tras dos sesiones de rotación a la manera del gran simio. Por cierto, esto tampoco fue fácil para los propios monos, subrayan los investigadores. Las imágenes de vídeo muestran que, tras una media de 5,5 segundos de girar dos veces, estaban bastante mareados y a veces incluso se caían. “Esto sugiere que los primates siguen girando a propósito, aunque se sientan mareados, hasta que ya no pueden mantener el equilibrio”, afirma el investigador Marcus Perlman.

Los humanos también lo hacen

Los humanos también se marean a veces. Ya se han estudiado sus motivos, pero a menudo se han centrado en los mareos inducidos por el alcohol o las drogas. Es dudoso que los resultados de esos estudios sean aplicables a nuestros antepasados. Sencillamente, porque no está claro si disponían de esas sustancias o de los medios para producirlas. “Cuanto más nos remontamos en nuestra historia, menos seguros podemos estar del papel que las experiencias inducidas por sustancias desempeñaron en nuestra evolución”, señala Lameira. “No está claro si nuestros antepasados tenían acceso a sustancias que alteraban la mente o si disponían de las herramientas y los conocimientos necesarios para fabricarlas. Por ejemplo, la gente puede haber tenido acceso a las uvas, pero aún no se puede asumir que también tuvieran las herramientas o los conocimientos para hacer vino”. Pero hilar muy deprisa es algo que también puede ser alucinante y que debió de estar al alcance de nuestros lejanos antepasados. Por ello, los investigadores sospechan que su estudio podría ser mucho más relevante si queremos averiguar qué impacto tuvo en nuestros antepasados y en la evolución del cerebro humano un estado mental alterado por determinadas experiencias.

Se necesitan más investigaciones para empezar a entender mejor por qué los simios (y quizá también nuestros antepasados) se esfuerzan por tener esa sensación de mareo al girar. “Podría estar relacionado con la salud mental”, argumenta Lameira. “Puesto que los primates que vimos girar vivían principalmente en cautividad y posiblemente estaban aburridos e intentaban estimular sus sentidos de alguna manera. Pero también podría ser un comportamiento lúdico”. Así que hay mucho que pensar e investigar. “Pero es muy posible que, incluso antes de ser humanos modernos, ya buscáramos y participáramos en experiencias que expanden la mente”, concluye Lameira con cautela.

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